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La joven poetisa del Bajo Flores

Carolina Antico Cava, más conocida como Caruxy en el mundo de las redes sociales, publicó «En el sótano hay un jardín», una recopilación de sus poemas. Conocé a esta joven promesa de las letras de la Comuna 7.

Caruxy, como la apodó su hermano, es del Bajo Flores, justo en el límite con Pompeya. Desde muy chica nos cuenta que lee y escribe mucho. Aunque siempre le costó generar esa identificación como escritora y poeta, cuestión que logró zanjar en este último tiempo al ver para los costados y darse cuenta que los límites en la poesía los puede transgredir uno mismo.

«No me creía tanto que era poesía lo que hacía hasta que me identifique con un montón de gente que está en la misma que yo. Por ese preconcepto que se tiene de la poesía que tiene que ser metafórica, armada, estructurada, con rima; bueno, salir un poco de esos márgenes y ensanchar las posibilidades de la poesía, identificarme en lo que hago y decir “soy poeta y escritora”. Ese espíritu juvenil y transgresor a partir de un uso de la palabra distinto al tradicional en el género es su aporte, lo que se respira en «En el sótano hay un jardín», el libro de poemas de Caruxy.

El cielo, las margaritas, la estructura y la rima, las convenciones se rompen a pedazos en sus poemas. Y en cambio, aparece las inseguridades, los miedos, el barrio, el feminismo, las redes sociales, los tatuajes, el sistema y el mundo de mierda en el que vivimos, todo expresado con el lenguaje de los jóvenes.

«Creo que esta bueno en los poemas remarcar y de poner ahí enfrente un montón de injusticias que es lo que más me interesa. La poesía que mas me interesa leer y escribir es la que denuncia. Me gusta hablar de todo pero no solo en la poesía que habla del cielo nada más. Mi poesía tiene mucho de identificación y de tocar algo ahí, tiene que mover».

Si bien se nutrió de los grandes escritores descubrió que se puede generar otro estilo ya abierto por sus contemporáneos. Respecto de la forma de escritura tradicional afirma: «no sé si hoy en día se podría escribir de esa manera porque creo que de esa manera nadie habla ahora y forzar la poesía a eso ya no nos identifica tanto». Y Caruxy busca eso: la identificación.

Busca e interpela a su camada, les habla a ellos y ellas a través de sus sentimientos personales que están intrínsecamente unidos a manifestaciones colectivas. «Una chica me escribió para decirme que con una amiga estaba leyendo los poemas y se había dado una especie de debate sobre un tema que hablaba el poema, y eso es lo mas lindo, independientemente de quien lo escribe». La poesía cobrando vida propia.

«La poesía comunica y tiene una función social», dice Caruxy. Y agrega: «lo mas satisfactorio es tender una mano al lector o lectora, y que a través de los poemas se sientan un poco menos solos “a mi también me pasa esto” y eso es lo más lindo».

El cronista le marca una deuda en sus escritos: el barrio. Y aparece simultáneamente la culpa: «El barrio me identifica una banda. Ahora tengo otros escritos que se relacionan más con eso. Esa culpa que aparece de estar en el barrio y tener ciertos privilegios y desde mi lugar de privilegiada poder hacer algo. Sentir que yo tengo un montón de cosas que otros no, por ejemplo, poder comer y estar dentro de un casa, dormir en una cama en este contexto que estamos pasando y cerca de la villa. Ser una niña que no tuvo que salir a la calle a pedir plata porque no tenía para comer, son básicas pero en un contexto son un privilegio».

La conciencia social esta latente en cada línea de los poemas pero el anclaje territorial, en este caso el Bajo Flores, no aparece como nombre propio.

Caruxy hace un guiño desde el título del libro. A pesar de la mierda del mundo, del sistema, de todo lo que nos rodea, como ella misma afirma, siempre hay una luz, algo que detrás de todo brilla.

«En el sótano hay un jardín hace referencia a que detrás de todo siempre hay un brillo, algo para sacar. Detrás de toda la mierda del mundo y los miedos, hay algo que brilla que hay que buscar y sacar».

El libro ya esta circulando, y la autora está contenta con las repercusiones, que van en línea con su propósito: «Todas opiniones positivas. Yo no sé si me mienten (risas). Muchos/as hicieron hincapié en la identificación con un montón de cuestiones que aparecen en los poemas. Y es un poco lo que expreso, partiendo desde lo individual pero haciendo referencia a un colectivo».

No te mienten Carolina. Todos necesitamos vernos en un otro para validar nuestro propio sentir.

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