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Una terraza, una historia de inmigración

Parque Chacabuco está lleno de historias de mujeres y hombres que hicieron la comuna. Uno de ellos es Saverio Píndaro, cuyo legado se materializó en la terraza de su casa, un lugar muy particular.

La casa del cantor Polo Arias, ubicada en la calle Centenera, tiene escondido un secreto. La terraza de la casa es una obra de arte para distraer la mirada pero, a su vez, esta terraza tiene detrás la historia de un hombre y, por lo tanto, de una familia. En el centro de la misma, hay una imagen de la Virgen de la Medalla Milagrosa que ilumina el lugar.

A continuación, te contamos de qué se trata.

Esta es la historia de Saverio Píndaro, un italiano nacido en Brienza, al sur de Italia, en 1912. Como muchos europeos de aquella época, sufrió la inmigración. A la edad de 8 años vino hacia la Argentina junto con su abuela y su hermana.

“Mi abuelo estaba trabajando en Argentina hacía unos años tratando de formar algo seguro para traerlos, como todo inmigrante, buscando un lugar mejor para ellos porque Italia sufría los desastres de una guerra y una miseria espantosa donde no tenían qué comer”, cuenta a este medio Polo Arias, cantor de tango de la comuna e hijo de Píndaro.

Luego de muchos años tratando de rebuscárselas, Píndaro consiguió empleo en una marmolería ubicada en la calle Boedo e Independencia, donde aprendió el oficio y en donde comenzó “su amor por el mármol y su capacidad por la artesanía”, como declara Arias. En 1940, Píndaro se casa con María Rímolo y tiene a su único hijo mientras como buen inmigrante se perfeccionaba en su oficio, la marmolería, y desarrollaba su nuevo hobby, la artesanía.

Entre otros trabajos que se destacan se cuentan las reparaciones de altares en iglesias de San Juan, luego del famoso y trágico terremoto y las figuras de mármol de la embajada de Estados Unidos. Además, Píndaro dejó una capilla de mármol que va a ser donada para instalarse en un templo de una fundación de Ciudad del Este que alberga a más de 70 chicos.

Pero, sin duda, su máximo legado es la terraza de la casa de Centenera que comenzó a realizar en 1992, ya con 80 años. La misma está compuesta de pedazos de cerámica y azulejos que aportaron comerciantes de la zona.

Luego de un año de trabajo la obra quedó terminada, cuenta con diferentes formas geométricas, muchos detalles y una imagen de la Virgen en el centro. Las cerámicas sugieren como motivo distintas capillas, detalles florales y líneas oblicuas, rectángulos y círculos en colores azules, dorados, bordó y celestes generan un desorden ordenado que lleva a los ojos del espectador a distraerse en los detalles y a recorrer las paredes de la terraza una y otra vez.

“Llevaba azulejos rotos y cerámicas y mi papá lo cortaba todo con un diamante para cortar vidrio, los cortaba a mano, uno por uno, y después fue formando las figuras geométricas que se ven en las paredes. En todo eso nunca usó ninguna máquina, eso está todo cortado a mano y con piedras para mármol lo fue emparejando”, explica Arias.

A pesar de su edad, Píndaro realizó el trabajo con el máximo detalle: “La capilla también está hecha toda a mano. Tiene siete clases de mármoles distintas. Eso está hecho todo con piedritas que él trabajaba con agua, que las iba puliendo y les iba dando forma. Todo lo que es mármol lo lustro a mano con piedra pómez y demás”.

La terraza fue bendecida por el párroco de ese entonces del Santuario de la Medalla Milagrosa: “Cuando él terminó de hacer la obra fue a la Iglesia de la Medalla Milagrosa y trajo a un sacerdote en un taxi y dio una misa arriba de la terraza para todos los vecinos de las tres casas de acá. Dio una misa y bendijo la terraza”.

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