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Malvinas en primera persona

Silvio Katz fue a pelear a las Islas Malvinas en 1982. Tenía 19 años. Vive en Parque Chacabuco y su historia personal está marcada por la guerra. Un testimonio y un relato conmovedor.

Corría el año 1982. A Silvio Katz le faltaba menos de un mes para que le den de baja del servicio militar obligatorio.

“El día 2 de abril nos despiertan de madrugada en el Regimiento 3 de Infantería de La Tablada para anoticiarnos que Argentina había hecho ‘el operativo Rosario’ y que se había tomado la isla. Nos pusieron televisores con las imágenes de la Plaza de Mayo vitoreando a Galtieri, cantando en contra de Margaret Tacher y favor de las Malvinas. Nos subieron a un avión de línea que le habían sacado los asientos, casi con ropa de verano. Primero fuimos a Comodoro Rivadavia y después a Malvinas”.

Recién a mediados del mes de abril le pudo avisar a su seres queridos que estaba en las islas. Silvio tiene 56 años, es de familia judía, y su vida parece estar signada por las guerras y por la tortura. Es que su papá falleció cuando él tenía 9 años. Fue un sobreviviente del holocausto, escapándose de la Alemania nazi en 1940. “Mi papá estuvo escondido en un sótano, vivió algo similar a lo de Ana Frank, lo rescataron unas monjas”.

Katz, estando ya en Malvinas, sufrió torturas de sus superiores. Esto es algo de lo cual se habla poco. Silvio lo cuenta con naturalidad. Hace más de 10 años que hace terapia, la que lo ayudó a dejar los fantasmas de la guerra que lo atormentaban, aquella que por momentos pretende borrar, y que veces vuelven es sus recuerdos. Fue “estaqueado”, recibió picanas eléctricas en sus genitales, torturas psicológicas recurrentes y otras humillaciones que resultan difíciles de escribir, y que se hacen carne viva en su estremecedor relato. Dice que su condición de judío fue un estigma que le jugó en contra. Para pasarla muy mal, como su papá en el pasado.

El piloto del avión que los llevó a Malvinas les dijo que podrían haber muerto en el aterrizaje debido al exceso de peso que llevaban, Así se fue a la guerra.  El disciplinamiento con métodos humillantes y torturas psicológicas inimaginables es algo que se desarrolló en el servicio militar y que se acrecentó durante el conflicto bélico.

Esto es algo que Silvio remarca constantemente en la charla y se refiere a la “inteligencia” de los militares argentinos -con tono irónico- detallando algunos errores tácticos absurdos y llenos de improvisación en pleno enfrentamiento.

A él le toco defender en trinchera. Hacer guardia costera mirando al mar, para que no avancen, y mantenerse despierto durante muchas horas, mientras las bombas inglesas provenientes de los barcos explotaban a pocos metros. También contó las diferencias tecnológicas entre los países. “Me tocó rendirme, fui prisionero de los ingleses por unos días. Fue el día más complicado de mi vida junto a la muerte de mi mamá unos años después. Llorábamos, nos reíamos, nos abrazábamos. Después de años, me di cuenta que lloraba de la bronca de haber perdido, y reíamos por la alegría de reconocernos vivos y de saber que volvíamos a casa”.

Silvio dijo que lo mantuvo vivo la imagen constante de su mamá, la esperanza de poder volver a verla. “Quería volver a sentirme vivo de nuevo con la persona que me dio la vida, de hecho volví a sentir a esto cuando la pude abrazar a fines de julio en mi casa”. Sufrió una herida de bala, que le rozó una de sus piernas en combate. Cuando llegó, lo mandaron a Campo de Mayo, donde se recuperó.  Como había adelgazado 25 kilos, porque sufrieron hambre, su mamá y uno de sus hermanos casi no pudieron reconocerlo.

Recuerda con bronca: “Me dieron un fusil de la Segunda Guerra Mundial que cada tanto funcionaba, que se doblaba la punta con el calor cuando disparaba. Nos faltó comida, por esos nos disfrazábamos de civil para ir a comprar el pueblo, y cuando los jefes se enteraban nos torturaban para disciplinarnos. Toqué fondo en la posguerra, me refugié en el alcohol”.

“Fui a Malvinas con los mismos que desaparecieron a 30.000, no les importábamos una mierda, y su idea fue que después no habláramos en contra de ellos”. Le quisieron hacer firmar un papel para que no hable. Silvio se negó sistemáticamente, y lo liberaron de Campo de Mayo, donde se había recuperado.

Luego de muchos años, da charlas en escuelas, poniendo el eje en los derechos humanos. Quiere ver preso al militar que lo torturó, que aún camina suelto.

Para que se consideren a las torturas como crímenes de lesa humanidad y no como crímenes de guerra como los considera el estado argentino. “Tengo esperanzas de que mis hijos puedan verlo preso, que se haga justicia y que entiendan porque su papá siempre luchó por la defensa de los derechos humanos”.

En el 2001 se ganó un viaje, en una raspadita de una promo de cigarrillos, justo a Malvinas. Las vueltas de la vida. Le habían diagnosticado que no podía tener hijos. Allí, viajó con su pareja, ella volvió embarazada. Malvinas le dio a su primer hijo, otra vez aferrándose a la vida, con el deseo de ser papá. Más tarde tuvo dos hijos más, y disfruta de su familia plenamente.

El no se considera un héroe, sino una víctima de los militares. “El Silvio de 19 años está enterrado en Malvinas todavía”. Allá lejos, llueve gran parte del año. Hoy nos confiesa que, Malvinas vuelve cada tanto a su vida. Como en el otoño, cuando la llovizna le pega en su cara, como en la isla.

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