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El Corso de Culpina: su historia y lo que está por venir

A pocos días de comenzar con los festejos de carnaval, la murga del Bajo Flores «Herederos de la Locura» nos cuenta la historia del Corso de Culpina.

Murga herederos«Hace 15 años un grupo de jóvenes llenos de amor y convicción le dieron vida a esta Murga, esta familia que, de la mano de todos los que pasamos por ella, recorrió un camino de lucha y alegría, de carnaval en los barrios, para llevar nuestras ideas hechas canción. Heredamos un sueño que va pretendiendo hacerse realidad: el de ser felices, el de la justicia y la dignidad», reza como un manifiesto filosófico de esta murga del Bajo Flores que formará parte nuevamente del Corso de Culpina, el corso del barrio.

La Comisión organizadora del Corso de Culpina está conformada por la Murga Herederos de la Locura, Centro Social Cultural y Deportivo Flores Sur, la Corriente Nacional de la Militancia, la Corriente Política 2021, la Simon Bolivar, Nuevo Encuentro Comuna 7, y La Scalabrini. Hace cuatro años que se juntan para hacer actividades dirigidas a Flores Sur y rescatar para de la historia y la cultura. En ese ejercicio, surgió la idea de recuperar la fiesta popular y el espacio público  con la comunidad unida en la calle.

Como un adelanto de lo que vendrá, la Comisión elaboró este texto en recuerdo de aquellos corsos que fueron la semilla de lo que se verá en los próximos días.

El Corso de Culpina se desarrollaba entre la antigua Avenida del Trabajo, hoy Av. Eva Perón, y Francisco Bilbao. La Municipalidad traía los adornos una semana antes. Las máscaras, serpentinas y luces de colores decoraban la calle y sus veredas atravesándolas en zig zag.

Ocho días duraba. Las carrozas llegaban desde Mataderos y Liniers y las murgas, desde La Boca; las de Flores asistían también a los corsos vecinos. La fiesta comenzaba a las 21 horas y se extendía hasta la medianoche. Vecinas y vecinos se ubicaban en el cordón de la vereda para ver pasar a las comparsas con sus carrozas, y bailaban al compás de las murgas y sus cantos.

Había quien caía con disfraces y así el Hombre de la Bolsa, el Diablo y Blancanieves se hacían caminantes de las calles que hoy caminamos. Los jóvenes luego se iban en colectivo a los «8 Grandes Bailes 8», a YPF, Comunicaciones, y otros clubes. Se vendía un perfumero de vidrio que los chicos usaban para mojar a las chicas… Al finalizar el corso se jugaba con agua y todo el mundo salía con baldes de metal porque no existían todavía las «bombitas».

La Revolución Libertadora y más tarde la dictadura militar de 1976 arrancaron la alegría del almanaque por mucho tiempo. Es por eso que gran parte de esa tradición se ha perdido: no hay documentos sino recuerdos y palabras que lo rescatan del olvido. Desde que se nos restituyó el feriado de Carnaval, nos devolvemos el Corso de Culpina, porque es nuestra la potestad de seguir bailando, haciendo temblar el pavimento, logrando que la calle hable y la gente salga, carnavaleando el barrio. Porque así somos más libres. Nos vemos allí.

Para terminar, las estrofas de la murga «Los Herederos de la Locura».

Carnaval de mi barrio donde todo es amor
nuestra lucha no termina
divertir para a mi gente hacerla sonreir
volver a hacer la risa reina otra vez

Carnaval que no termina
el Bajo Flores lo vuelve inmortal.
Este es el barrio que critica y no tranza
luchando empuja y avanza

Herederos yo te quiero ver
yo te quiero ver cantando siempre
bailando con toda esa gente
con el bombo como corazón.

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