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Cuando la locura se puede heredar

Pasadas las primeras semanas de carnaval, estuvimos con los “Herederos de la Locura”, una murga independiente que se encuentra por fuera del circuito que propone la ciudad. El trabajo en conjunto, el baile y lo social atraviesan su espectáculo.

La murga “Herederos de la Locura” surgió a fines de la década del ´90 como un proyecto independiente por fuera del circuito de carnavales que propone todos los años el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Su espectáculo, atravesado por un fuerte contenido social, se desarrolla principalmente en el Corso de Culpina, en donde se presentarán el lunes 27 desde las 18.

El martes 28 realizarán una nueva presentación en la Plaza Túpac Amaru en el mismo horario, lugar donde ensayan regularmente los domingos a las 19. Hablamos con Lalo, Gustavo, Daniel y Carla para que nos comenten cómo empezaron el carnaval y cómo es la propuesta que llevan adelante.

La Comuna 7: ¿Cómo comenzaron el primer fin de semana de carnaval?

Lalo: Este año el fin de semana del 11 nos tocaba organizar nuestro corso. Nosotros organizamos dos corsos como murga por año y un corso en conjunto con organizaciones de acá del barrio, con el club Flores Sur, con organizaciones partidarias de la comuna, es el Corso de Culpina. Arrancamos con el plan de difundir, de organizar. El de Culpina se va a hacer el 27 y nosotros, el que se suspendió por lluvia el 12 lo pasamos para el 28. Siempre arrancamos a las 2 de la tarde a armar la logística, lo que tiene que ver con el escenario, el sonido, las compras, levantando lo que va a ser el corso. Y después nos tenemos que quedar a dejar todo como estaba, a desarmar todo lo que armamos, limpiar, dejar todo en condiciones y volver. Así que a las 2 de la mañana estamos terminando. Esa es nuestra salida cuando organizamos.

La Comuna 7: ¿Cuántos son este año y miembros de qué edades tienen?

Lalo: Nosotros somos promedio entre 15 y 20 personas. Somos un estilo de murga que tampoco demanda que seamos mucha cantidad porque ponemos una parte de actuación teatral. No somos actores, somos los que somos. Somos vecinos, compañeros, artistas callejeros. Entonces, le ponemos una cuota de actuación teatral y para lo que nosotros hacemos necesitamos un espacio determinado. Calculo que como mucho podríamos a llegar a ser 30 y no sé si más porque se bifurcaría mucho. Y más que nada somos adultos entre 20 y 40 años.

Daniel: En sí somos una murga autogestiva. No es tanto la cantidad lo que vale, es la gente que llega. No somos de circuito. Ahí tenés 10, 20, 30 micros y hacen espectáculos de baile y crítica. Pero nosotros, aparte de la crítica, hacemos un espectáculo de teatro.

La Comuna 7: ¿Cuál es la temática del espectáculo que realizan?

Gustavo: Este año hablamos de una olla, nosotros somos una gran olla y en la cual viene gente de afuera, como si fuera el Gobierno, el Estado que viene y nos va metiendo cosas y nos va sacando cosas. Es el tire y afloje de siempre que tenemos nosotros, los que estamos en la lucha constante contra el opresor, la desigualdad.

Lalo: Serían los ingredientes del neoliberalismo.

Daniel: Trata sobre lo que está pasando día a día. Lo que el pueblo está viviendo lo estamos representando nosotros. Hacemos un espectáculo representando todo lo que está pasando.

Lalo: Un ingrediente que se saca, por ejemplo, son las vacantes de las escuelas. Algo que se pone es el ajuste.

Gustavo: Claro, o la baja de imputabilidad de los menores. Todo eso es constante, el tire y afloje de poner y sacar empieza a generar ebulliciones y termina siendo todo un gran lío, donde no sabemos quiénes somos realmente, si somos los que manejamos la olla o los que nos manejan. Pasan cosas en el barrio o en la sociedad y hay muchas opiniones divididas sobre un mismo tema. Justamente con lo de la baja de la edad de imputabilidad hay gente que piensa que está bien, que no importa si sos chico, si sos chorro tenés que ir preso. Me parece que justamente nosotros vamos al qué podemos hacer con ese pibe para no llegar a eso, para no llegar a la violencia de reprimirlo y de dejarlo en un lugar como diciendo: “Ah, bueno, está encerrado, está bien, estamos tranquilos. Más policías, más seguridad”. No es así, no es más policías, más seguridad.


Lalo:
Con la inseguridad terminamos enfrentándonos entre nosotros. Terminamos todos contra todos con esto de los distintos puntos de vista. Pedir que se meta preso a un pibe cuando no se analiza el por qué ese pibe llega a esa situación. Es un poco la bajada de línea de este gobierno, de la derecha. Nosotros desde nuestra esencia, desde que surgimos, lo que planteamos es que debemos ocupar los espacios, los espacios públicos, tenemos que salir a las calles, estar más, conocernos, encontrarnos en distintos ámbitos. Esa es una forma de también generar, se podría llamar seguridad, la tranquilidad de que somos nosotros y de cuidarnos entre todos. No de estar sospechando de cada uno, del que tenemos al lado, por una cuestión de que si usa visera o usa zapatillas o ropa deportiva. Porque eso plantea una persecución y una estigmatización con la que nosotros no estamos de acuerdo. Lo que planteamos es organizar nuestros corsos, estar en la plaza, ocupar el espacio, cuando nosotros estamos generalmente es un espacio donde estamos tocando, estamos bailando, estamos cantando, no suceden otras cosas alrededor que puedan generar alguna situación de inseguridad o de violencia. También, organizándonos con otras organizaciones del barrio, el Corso de Culpina tiene un anclaje muchísimo más fuerte en lo barrial, en lo vecinal, ahí se está planteando el conocernos, encontrarnos entre vecinos a partir de una actividad, de un festival, a partir de la alegría, de todo lo que significa el carnaval, un corso, las murgas. Eso es nuestra forma de aportar a una problemática que es compleja pero que tiene un montón de salidas que tal vez son difíciles de abarcar. Nosotros, nuestro aporte como grupo callejero es estar ahí con el arte en la calle, generando un espacio.

Gustavo: A la parte actuada como que no le damos un cierre feliz sino que es una apertura para que el que la vea le pique. No es que está todo bien, no es una película o una obra de teatro que termina: “Terminaron felices y contentos”, sino una cuestión de: “¿Qué pasa acá?”. Para mí está bueno eso, el replantearse el qué va a pasar, qué está pasando, la duda. Está bueno que algo te genere duda.

La Comuna 7: ¿Cuándo arrancaron a ensayar y a preparar este espectáculo?

Carla: Desde el año pasado que terminamos los corsos. Más o menos a fines de marzo. Ahí empezamos a tocar y a bailar cosas nuevas. Y a charlar, todo el año charlamos, cosas que iban pasando. Nosotros hacemos humor con las medidas del gobierno. Entonces, estuvimos repasando esas cosas. En diciembre nos pusimos un poco más firmes. Y en enero hubo una semana en que nos juntamos todos los días a escribir canciones, escribir letras.

Daniel: Lo que tiene es que acá no hay director. Es todo como todo uno. Todos mandamos ideas. Acá cada cual tira su idea y así hacemos el corso.

Carla: Tenés que poner mucho más esfuerzo porque en los corsos trabajamos todos. Eso es muy lindo porque ahí te conocés con los compañeros. Te vas dando cuenta en qué te sentís cómodo. Es autogestión.

La Comuna 7: ¿Cómo ven la movida a nivel general del carnaval?

Carla: Para mí está difícil. Nosotros pertenecemos al movimiento independiente. El carnaval del Gobierno de la Ciudad y la Comisión de Carnaval lo que para mí ofrecen es al vecino como espectador. Lo mismo pasa en otros carnavales de la Argentina. La valla, el escenario grande, el estar del otro lado. Nosotros acá en los corsos que hacemos es medio difícil darle la vuelta a eso, lo intentamos con juegos, con bandas que hagan bailar, que no sea sólo murga. Lo logramos más en el Corso de Culpina, lo hacemos con el club y con otras organizaciones del barrio. Ahí se logra más, como que los vecinos van disfrazados, los pibes van con su bicicleta decorada. Hay otro intercambio y está buenísimo. Y eso para mí es difícil de romper porque cuando los vecinos quedan cómodos mirando, ahí de espectadores, no salís más de ese lugar.

Daniel: Nosotros estamos acostumbrados a hacer corsos en provincia y se hacen en la calle, no tenemos vallas, no tenemos nada, somos libres. De repente nos toca un corso con vallado y no estamos acostumbrados a eso. Nosotros vamos y la gente está, la vecina saca sus sillas, se sientan, ven el espectáculo, nos ven ahí, no tienen vallas. A nosotros nadie nos dice al lugar que tenemos que ir. Nosotros armamos el corso. Hablamos con las murgas que conocemos y si vemos que podemos entrar en ese corso vamos.

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