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El padre Carrara fue ordenado obispo auxiliar de la ciudad

En la Catedral de Buenos Aires se realizó la ordenación episcopal de monseñor Gustavo Carrara. La misa fue presidida por el cardenal Poli y estuvo presente la comunidad de la parroquia Santa María Madre del Pueblo, iglesia donde se desempeñaba como párroco.

Ante más de cien fieles, se realizó la ordenación episcopal del padre Gustavo Oscar Carrara que fue consagrado como nuevo obispo auxiliar de la Ciudad de Buenos Aires el pasado sábado.

En una Catedral porteña colmada, la misa fue presidida por el cardenal Mario Poli y comenzó puntualmente a las 10 y duró más de dos horas.

Carrara viene de ser párroco de la Iglesia Santa María Madre del Pueblo del Bajo Flores, comunidad que estuvo presente en la celebración.

Además, estuvieron presentes las comunidades de las iglesias Virgen de Caacupé de Barracas, Cristo Obrero de Retiro, Nuestra Señora de la Esperanza de Villa 20, Nuestra Señora del Carmen de Ciudad Oculta y Virgen Inmaculada del Barrio Carrillo.

Al finalizar la misa, Carrara agradeció a los presentes y expresó: “El nombre de Dios es misericordia. Y hay momentos de gracia en los que uno hace memoria de la propia vida y no puede dejar de cantar junto a la Santísima Virgen, la Misericordia de Dios”.

El ahora obispo recordó su bautismo en Luján y declaró que “caminando a Luján aprendemos que peregrinar es rezar; quiero empezar a agradecer tanto cariño recibido en estas semanas, empezando por destacar a aquellos que hoy vinieron caminando, peregrinando como un modo de rezar por mí”.

También agradeció el báculo que recibió de unos ex combatientes de Malvinas: “Ellos que alguna vez se sintieron olvidados, me lo regalaron porque entienden –me dijeron– que el ministerio episcopal es en primer lugar servicio a los olvidados que Dios no olvida”.

Carrara eligió como lema episcopal “Compartiendo con los pobres la alegría del Evangelio” y explicó: “No se trata solo de dar de comer a un pobre, sino de considerarlo digno de participar en mi mesa. Es pasar de la generosidad a la comunión. Llegar a decir es de nuestra familia. El Evangelio de Jesús es claro: permanecer cerca del pueblo, especialmente de aquellos que están solos, débiles y necesitados. Ser su amigo, su hermana, su hermano, hacernos prójimos, hacernos familia y dejarnos anunciar la Alegría del Evangelio”.

Después tomó las palabras del padre Jorge Vernazza para explicar sus vivencias en la villa: “Para mí lo más importante es el contacto con los pobres. El trabajo en la villa me dio esta gran oportunidad. Me ayuda a mantenerme en un espíritu de pobreza, de simplicidad de vida; me pone frente a la situación más clara de tener que estar al servicio de otro y no de mí mismo” y por último agradeció nuevamente y pidió que “cuando haga falta también háganme las correcciones fraternas que pueda necesitar”.

Antes, durante la celebración, Poli explicó que Gustavo fue elegido como “sucesor de los apóstoles” y que “lo eligió el Papa Francisco guiado por el Espíritu Santo” con la “misión de anunciar el Evangelio de Jesús, el Hijo de Dios”.

También, el cardenal dijo: “Hoy padre Gustavo te decimos: conserva lo que se te confiará en la ordenación, y para que así suceda, cuenta con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ti”.

Además, Poli remarcó que “prójimo es toda persona que encontramos en el camino de la vida” y expresó: “Hermano Gustavo te doy la bienvenida a nuestro Colegio Episcopal. Es un colegio porque somos aprendices de un solo maestro. El mismo que te eligió para que te gastes y te desgastes predicando la Buena Noticia a los pobres. Es nuestro Señor Jesucristo”.

Después de la homilía, se procedió al rito de ordenación en donde los obispos presentes le impusieron las manos, le dieron la unción, se le dio el anillo de los obispos que remite a la alianza con Dios y el báculo que reciben los obispos por ser pastores que deben cuidar del rebaño.

Mientras todo esto sucedía, la catedral se llenó de aplausos y los presentes parados en los bancos cantaron y gritaron.

A la salida de la misa, al padre Carrara lo esperaron los fieles cantando: “Tenemos obispo nuevo y lo tenemos que cuidar. Tenemos obispo nuevo de la villa a la ciudad”. El obispo fue llevado en andas y entre el sonido de los bombos, la espuma y el papel picado se festejó la ordenación.

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